Martes 25 de Julio de 2017
Carina Cabo

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Escuelas de calidad. En busca del tesoro perdido


¿Qué tengo que cambiar para mejorar la escuela?   Esta pregunta ya es recurrente en los equipos de gestión escolar. Son cuestionamientos que intentan plantear cambios al interior de la institución, pero que demandan decisiones desde adentro y desde afuera.

Una buena conducción se define por los resultados, dicen algunos especialistas; por tanto, el planeamiento institucional es la herramienta que podrá ayudar a conseguir dichos resultados. Para ello, se necesita tener claro cuáles son los objetivos institucionales en el marco de una planificación coherente y concreta, la cual funciona como “correa de transmisión” y como  motorización de ideas transformadoras y, además, saber tomar las decisiones adecuadas para lograr la tan mentada calidad educativa. Pensar en ésta implica imbricar varias dimensiones, no sólo la pedagógico- didáctica; involucra también lo organizacional, lo administrativo y lo comunitario. Una escuela que se proponga cambiar en pos de mejoras, tendrá que intentar tener explicitado su imagen- objetivo y para ello dejar claro la distribución de tareas, la división del trabajo, los canales de comunicación, el uso del tiempo y de los espacios, sin dejar de lado las demandas, las exigencias y los problemas de su entorno.

Un equipo de gestión democrático “abre el juego”, transfiere la autoridad a otros para que ejecuten el trabajo dentro de límites establecidos de común acuerdo. Y, de esta manera, se delegan las funciones para no abrumar a unos pocos, aunque la responsabilidad nunca puede ser delegada totalmente; de lo contrario, cada uno decidiría arbitrariamente cada vez que se necesite tomar decisiones. Con actividades  concertadas se pueden producen mejores resultados,  se mejoran las relaciones interpersonales y los actores se sienten motivados y con mayor pertenencia institucional. Conformar equipos de trabajo es responsabilidad de la dirección, además de distribuir recursos y anticiparse a las dificultades, en el marco de una planificación estratégica que sea el guión para la acción.

          Al decir de Pugliese, una educación de calidad es aquella que establece objetivos socialmente relevantes, que logra que esos objetivos sean alcanzados por un mayor número de alumnos, que permite ayudarlos diferencialmente según sus requerimientos individuales y su entorno sociocultural, y que lo logra con los costos más económicos posibles, perdurando en el tiempo por su significación. La calidad educativa supone, asimismo, un ambiente y una relación socio – emocional y afectiva que permita a los docentes estimular a sus alumnos en su autoestima y guiarlos en su desarrollo.

En la medida que haya un proyecto  coherente que impregne y diseñe la vida escolar y que perfile una cierta cultura instiucional de concertación, donde existan expectativas positivas hacia los alumnos y se establezcan vínculos afectivos, se organicen los espacios institucionales para plantear y resolver conflictos, con redes de comunicación fluidas, con una evaluación permanente que le implique mirarse a sí misma, se podrá pensar que otra escuela es posible. De lo contrario, haremos “como si...” y seguiremos renegando de ese aula del siglo XIX.

© 2017 Carina Cabo www.carinacabo.com.ar