Martes 21 de Noviembre de 2017
Carina Cabo

Artículos Completos » La Alfabetización académica » Compartir en Facebook » Compartir en Twitter

 

La Alfabetización académica

Aprender a leer y escribir, aún en la universidad


 
 
            Es habitual escuchar en determinados ámbitos escolares frases tales como: “los alumnos no leen” o “no pueden expresar por escrito lo que piensan”, culpando de tal mal al nivel inmediato anterior, sea primaria o secundaria. Ni hablar del nivel superior, donde se espera que ya traigan afianzados ciertos procesos mentales a fin de “adquirir” los nuevos conocimientos. Esto es lo esperable, pero no lo que sucede en las instituciones, que trae como consecuencia el mal rendimiento general o de la deserción en los primeros años universitarios.
            Si bien aprendemos a leer y a escribir en los primeros grados de la escuela primaria, estos aprendizajes no alcanzan cuando se trata de lecturas y escrituras específicas de las disciplinas, en otros niveles de la enseñanza. Para ello, es necesario un nuevo aprendizaje, una nueva alfabetización, que ha sido denominada alfabetización académica, propia y particular de cada ámbito disciplinar y de la que deberán apropiarse los alumnos en su nuevo trayecto de formación como estudiantes en el nivel superior.
            El concepto de alfabetización académica se viene desarrollando desde hace dos décadas. “Señala el conjunto de nociones y estrategias necesarias para participar en la cultura discursiva de las disciplinas, así como en las actividades de producción y análisis de textos requeridos para aprender en la universidad. Apunta, de esta manera, a las prácticas de lenguaje y pensamiento propias del ámbito académico y designa también el proceso por el cual se llega a pertenecer a una comunidad científica y/ o profesional, precisamente en virtud de haberse apropiado de sus formas de razonamiento instituidas a través de ciertas convenciones del discurso” (Carlino, 2003)
            Comúnmente, los profesores no somos plenamente conscientes de que nuestras disciplinas están compuestas de ciertos usos del lenguaje, que involucran determinados modos de comprensión y organización de lo estudiado. Por ende, es preciso que cada docente se haga cargo de enseñar las prácticas discursivas propias de su dominio si quiere ayudar a sus alumnos a ingresar en su cultura, es decir, en sus modos de pensamiento y géneros textuales instituidos.
 
            Propuestas para trabajar en el aula
            Ahora bien, ¿cómo implementar en el aula la enseñanza de la lectura y escritura en una determinada materia, acostumbrados a repetir memorísticamente definiciones, conceptos y fechas? ¿Se puede enseñar a leer Biología, a escribir en Química? Obviamente que sí, pero se necesita de profesores con apertura para mirar su disciplina desde otro lugar, para aceptar que el estudiante puede construir el conocimiento de una manera diferente a la suya y, sin embargo, puede aprobar.
            Es común, en las instituciones académicas, el uso de fotocopias, “huérfanas” de datos del autor y de la fuente; y esto, sin dudas, afianza las dificultades para abordar el conocimiento en su complejidad. Llevar el libro completo y hacerlo circular entre los estudiantes o, si hay libro fotocopiado, incluir la tapa y el índice del libro a fin de tener una mirada globalizada, pueden ser la punta para abordar la problemática. También es interesante presentar la biografía de los autores de cada texto que se da para leer en el aula, enmarcando su postura teórica y, a su vez, orientar la interpretación del texto a través de guías, con categorías de análisis, para retomar en clase la discusión sobre lo leído. Asimismo, es necesario situar el contexto de producción de dichos textos: quién, cuándo y dónde se escribió; reconocer en las lecturas qué dicen y qué no dicen dichos textos y por qué no que los estudiantes pongan en debate todo lo leído en las clases a fin de cuestionar las lecturas. “La lecturabilidad no es una propiedad inherente al texto, sino el resultado de una interacción entre un conjunto de características particulares del texto y las características del procesamiento de la información de los lectores individuales” (Zakaluk y Samuels, 1988).   
            En cuanto a la enseñanza de la escritura, por qué no proponer la elaboración de escritos en relación a una temática, reconociendo que, al decir de P. Carlino (2005), debemos enseñar a escribir para que puedan apropiarse de las convenciones discursivas de la disciplina. Los estudiantes sólo asimilan lo enseñado en la medida en que se involucran activamente en los temas de cada asignatura; por tanto, escribir sobre las temáticas es una forma de adueñarse del contenido disciplinar.
            Otras de las propuestas podrán basarse en el análisis de películas como puntapié a fin de construir conocimiento o, por qué no, trabajar no sólo con films ya realizados, sino proponer que filmen un video, con escenas escritas y actuadas por ellos mismos en relación a una temática disciplinar. De esta manera, al analizar las imágenes, identificarán las características de un tópico; entendiendo que la interpretación que hacemos de una imagen como lectores, involucra competencias que van más allá del fenómeno perceptivo; pudiendo deducirse que las funciones de la imagen son impactar y movilizar, simplificar la descripción de procesos, trabajar el pasado, entre otras tantas.
            Otra de las alternativas, podría ser la búsqueda individual de artículos periodísticos para explicitar en clase, frente a otros estudiantes; ayudados previamente a leer comprensivamente y conceptualizar lo que el autor/ editor propone.                                                               
            El uso de historietas también podrán aportar un espacio de aprendizaje y de entretenimiento en el aula, como disparadores de temáticas. Con respecto a ellas,“se hace referencia a la narración de historias por medio de imágenes, cuyos orígenes más remotos se encuentran en las pinturas rupestres, los ideogramas egipcios, las pinturas románicas, los códices mejicanos, las filacterias medievales, las aleluyas, algunos grabados del siglo XIX, etc. La narración puede desarrollarse sin texto (historias mudas o sin palabras) o con texto, estando constituido, en este caso, por los diálogos de los personajes, incluidos en bocadillos o globos, y por los textos de apoyo, que cumplen una función narrativa, y todo ello dentro de un espacio delimitado por una línea cerrada llamada ´viñeta´”. López Socassau, (1998)
            Y, por último, los HIPERTEXTOS. Trabajar con textos digitales puede resultar muy interesante, pero se debe tener  el sumo cuidado de evitar caer en ciertos errores. B. Devauchelle, (1999), plantea que es grande el riesgo de ver en la yuxtaposición de textos fragmentarios, la eliminación de la representación sistémica y,a su vez, se pregunta si el alumno puede construir la globalidad, cuando no está más que en presencia de unidades elementales.
            Lejos de echar culpas por sobre la tecnología, el problema de los textos digitales es netamente pedagógico- didáctico. Muraro  (2005) explica que “las dificultades de empleo escolar no provienen de la lógica informática del programa sino de la estructuración de los contenidos, sus formas de presentación y las modalidades didácticas que tienen incorporados”
            Por tanto, la incorporación de la tecnología debería estar focalizada en repensar las estrategias de enseñanza y   de aprendizaje. Es necesaria, a mi criterio, la experimentación cuidadosa para evaluar las competencias de estos soportes en la tarea de guiar el trabajo autónomo de los alumnos en tareas más complejas que las de informarse.
            Según Birgin (2003) hoy se habla de la brecha digital como uno de los determinantes de las desigualdades del mundo, por su impacto en la economía, en la cultura y en la sociedad. Esto puede llevar a que algunos supongan que los grandes problemas que tenemos se solucionan poniendo computadoras en todas las escuelas, enseñando Internet y comprando un buen software educativo. Pero lo importante no es la tecnología, sino lo que hagamos con ella, lo que enseñemos sobres sus usos y posibilidades y sobre sus límites
Navegar en Internet, es adentrarse, es habitar la inmensidad, dar la cara a la tempestad, donde es necesario tener sabiduría para no sucumbir. Al decir de Larrosa (1995), es necesario ensayar nuevas formas de subjetivación, decirse de otra manera, actuar sobre uno mismo de otra forma, vivirse de otro modo y, a su vez, agrego, poder ver y enseñar al otro, nuestro alumno, a ser un sujeto responsable y capaz de construir un entramado. Él y sólo él, es quien podrá construir sus conocimientos, siempre y cuando tenga un docente a su lado, no enfrente, que lo guíe, lo sostenga y abra posibilidades de juego.

© 2017 Carina Cabo www.carinacabo.com.ar