Sabado 16 de Diciembre de 2017
Carina Cabo

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La escuela no es el mejor lugar, al menos por ahora

                Dar clases es una ardua tarea, parece fácil al ojo de los demás, pero requiere de fuertes conocimientos en lo disciplinar e, igualmente, de saberes que expliquen, o intenten hacerlo al menos, los contextos en los que la docencia se halla inmersa.  Además, hoy es necesario conocer las infancias, en plural, que no son las mismas las de algunas décadas atrás a fin de  identificar modos de ser de los chicos actuales, que quizás rompen el orden existente de la escuela tradicional, pero  podrá ayudar a encontrar intersticios para que ingrese aire puro.
                Hasta no hace mucho enseñar era “bajar línea”, era transferir conocimientos científicos, más allá de las particularidades de los niños o contextos. Ahora queda claro que la formación en la disciplina específica es fundamental, pero también es preciso conocer cómo abordar dichos saberes con estos sujetos. Si bien la tarea de formar docentes, no fue un tema primordial para los gobiernos provinciales, los años de cursado en el profesorado y la capacitación docentes deberían ser “los temas” prioritarios en la agenda política de los funcionarios de gobierno.
                Frente a los hechos de violencia que vemos y escuchamos a diario, no sólo en los medios, sino también en casa con nuestros hijos, no caben dudas que la escuela no es el mejor lugar para los chicos, pero ¿debería serlo? Ellos asisten a la escuela ya insertos en instituciones que nada prohíben, con escasa o nula autoridad, cuyos integrantes comúnmente no tienen claro lo que está permitido o prohibido. Entonces, le pedimos a los maestros que se ocupen de los límites que no pudimos construir en el hogar, le solicitamos que le enseñe a leer, escribir, a cumplir con las normas y todo lo que nosotros, como padres, no hacemos. Y la escuela no puede!
                Si bien la institución escolar surgió, en la Modernidad, como posibilitadora de la formación del ciudadano, los procesos que sucedieron en la sociedad desde hace más de un siglo, influyeron en el desfasaje entre la cultura escolar y la cultura imperante en la realidad cotidiana. La globalización erosionó el entramado social, modificando sus relaciones y sus funciones, cambiando el contexto en el que se desenvuelven. Y, en este marco, la escuela, como partícipe de este entramado moderno, rompió con su función de disciplinamiento que formaba un sujeto determinado y sufrió  la ruptura de los lazos que la articulaban funcionalmente con otro conjunto institucional propio de la modernidad: el Estado, una determinada definición del conocimiento y el saber, la conformación de una sociedad meritocrática y la consolidación de la familia nuclear, elementos que constituyeron la red institucional que reguló y normalizó el modo de vida moderno.
¿Qué hacer?
                Los docentes y padres, como adultos responsables de la educación de los niños, debemos estar atentos a sus características peculiares, a sus necesidades y a sus formas de estar en el mundo, siendo capaces de respetar sus intereses, pero también de establecer y consensuar normas de convivencia al interior de cada institución. Sin embargo, no alcanza…
                Los funcionarios de gobierno del Estado provincial, deberán tener diagnósticos claros y precisos de lo que acontece a diario en las escuelas; es una obviedad que las instituciones no son “lechos de rosas”, que los hechos de violencia adentro o afuera de ellas están presentes y no se solucionan ni con más policías ni con la negación de lo que sucede. Asumir que el conflicto es parte de la vida de toda institución, sería el puntapié inicial para permitir planificar cómo seguir. Nadie niega que los temas urgentes que preocupan y ocupan al Ministerio de Educación de Santa Fe son reales, pero existen otras cuestiones no menores que es necesario abordar. Y es allí, donde se podría abrir a escuchar otras propuestas de trabajo en el aula, otras formas de capacitar docentes y otras formas de estar en la escuela, otros modos de relación con los alumnos y establecer otras normas para esta realidad y estos tiempos.
                No es fácil, pero es posible; se puede!!!
                                                                                                                         

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