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Estamos acostumbrados a que las cosas no funcionen bien, en ningún ámbito. Cuando se solicita aumento de sueldo, están los que dicen: “agradezcan que tiene trabajo”, cuando se pide aumento de tarifas en transporte, algunos sostienen: “con lo que ganan, ¿ se quejan?”; otros, frente a algún reclamo social por parte de un sector de la población, grafican: “por lo menos los escuchan”. Y nos vamos acostumbrando a las quejas permanentes de los distintos grupos porque merecen ser atendidos, sin lugar a dudas, pero nos quedamos inmóviles frente a semejante flujo de hechos.
La toma de colegios en la ciudad de Bs as tiene que ver más con una cuestión política que educativa; no caben dudas que hay dos pujas partidiarias muy fuertes que respaldan dicho acontecimiento, aunque cabría pensar qué pretenden estos alumnos con el “cierre” de sus escuelas. La trama de esto yo la resumiría en la siguiente ecuación: Horas de clases perdidas, aprendizajes truncados, oportunidades que se pierden, nada más ni nada menos. Sucede que, a veces, nos quedamos en una encerrona trágica, una situación que no permite el diálogo, la cual define muy bien el psicólogo institucional F. Ullloa; donde “alguien para vivir, trabajar, recuperar la salud, depende de alguien que lo maltrata o lo destrata” y la compara con una mesa de torturas: “en la tortura se organiza hasta el extremo salvaje una situación de dos lugares sin tercero de apelación”
Conclusión más que elocuente desde lo teórico; ahora bien, deberíamos ponernos a pensar cómo ayudar a no obturar, con discursos cerrados y obsoletos, para ir dando lugar a caminos de búsqueda de respuestas mancomunadas y espacios de reflexión donde podamos tomar conciencia de las diferentes realidades, identificando sus necesidades y los reclamos justos, pero enseñando a los alumnos otras vías de protesta. Ellos aprenden no sólo en el aula, también lo hacen en el patio, cuando charlamos con un colega, cuando explicitamos nuestras actitudes, ellos nos miran todo el tiempo.
Es nuestro deber, como profesionales de la educación tomar partido, defender lo que nos corresponde y merecemos, pero también siendo responsables y concientes que formamos sujetos que, en muy poco tiempo, serán los protagonistas de la realidad cotidiana.
Carina Cabo
Esp. en Gestión educativa. Prof. De Filosofía
www.carinacabo.com.ar
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