Sabado 16 de Diciembre de 2017
Carina Cabo

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Los “festejos” adolescentes

 

Días pasados, previo a la finalización del cierre del ciclo lectivo, alumnos de una escuela de Rosario hicieron explotar una bomba casera en el hall del establecimiento y esparcieron huevos a quien pasara por el lugar. El “festejo” fue interrumpido por la policía y agentes de la GUM.
Otra fiesta familiar organizada por alumnos de una escuela privada para celebrar la finalización de clases terminó con vidrios rotos, corridas y heridos .
Otro caso que se mediatizó fue el de una “picardía” de chicos que inundaron un tradicional teatro de  la ciudad.
También es común en esta época del año el “enfrentamiento” entre dos escuelas privadas religiosas en las cuales deben finalizar abruptamente el dictado de clases para evitar daños mayores y peores consecuencias con los más chicos que circulan por la vereda de las mismas. Esta agresión “cuerpo a cuerpo” que se manifiesta en la calle, es explicitada con amenazas escritas en  las paredes de ambos edificios desde algunos meses antes.
No son casos aislados, las noticias de agresiones manifiestas se repiten  día tras día  y año a año.
La pregunta obligada es que dicen y/ o hacen las autoridades escolares de estas y otras tantas escuelas en la que la violencia física es notoria desde muchos meses antes.
Generalmente, frente al hecho consumado intentan dar una respuesta a los medios que insisten en consultar respecto de la noticia. Algunas instituciones lo hacen y salen airosas con las explicaciones del caso, buscando las causas más allá de la escuela en sí: “no estaban en horario escolar”, “se encontraban fuera del establecimiento”, “estaban bajo la tutela de los padres, “son incidentes que se repiten año a año”, “la culpa es del sistema que no tiene límites”, etc.
Quienes intentan buscar al culpable, señalan que la familia ha perdido el rol de formadora y algunos otros señalan que los maestros de años anteriores no han sabido trabajar los valores en el aula que permitieran tener jóvenes con criterio.
Sin embargo, más allá de la justificación real de cada caso, habría que pensar  cómo solucionar  de antemano y evitar estos incidentes, pero fundamentalmente la institución escuela debería hacerse cargo de los niños y adolescentes que hoy las circulan, quizás muy diferentes a los chicos y jóvenes de algunas décadas atrás.
No cabe dudas que la escuela ya no es lo que era. En palabras de Diego Sztulwark: “se ha convertido en un objeto incómodo”, esta incomodidad se acentúa en la falta de estrategias de reflexión que logren captar la magnitud de las causas del malestar a fin de actuar en relación a ellas.
En la era de la fluidez, una era en que las relaciones sociales ya no nos preexisten con la solidez de la estructura,  donde todo vale, la disposición al encuentro  se torna clave imprescindible para gestionar.
Hoy por hoy la situación educativa no está asegurada. Hay que producirla continuamente y en condiciones extraordinariamente dificultosas. Si fuéramos pesimistas podríamos plantear con Deleuze: “Solamente se pretende gestionar la agonía”. Pero frente a los hechos que suceden a diario, la respuesta podría consistir en la posición, no sólo de directivos, sino también los docentes de trabajar una actitud de  búsqueda, en una escuela capaz de pensar y pensarse, que pueda  encontrar respuestas genuinas a cada caso particular. De allí que una labor particularmente necesaria sea la de aprender a habitar la escuela, a comprometerse con el colectivo de trabajo y con los requerimientos de un proceso educativo sin garantes.
 No alcanzan las amonestaciones o suspensiones con las que las autoridades amenazan desde los medios. En palabras de Silvia Duschatsky hace falta gestionar para fundar, trabajar condiciones que produzcan una ligadura, una experiencia, un devenir. Por tanto, será necesario replantear lo instituido, las reglas que estaban dichas de antemano a fin de pensar otras formas de estar en la escuela.
Es necesaria una gestión que parta de la realidad, de la toma de conciencia de la situación en la que se interviene, con un posicionamiento frente al hecho educativo. Implicarse, sólo eso y las respuestas surgirán en medio de las grietas.
Sólo podrán ser jóvenes responsables si hay adultos que intervengan con una autoridad que logre interpelarlos y les muestren posibilidades de vida.

© 2017 Carina Cabo www.carinacabo.com.ar