Jueves 21 de Setiembre de 2017
Carina Cabo

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Gestión cultural en las ciudades

Un caso emblemático: La Plaza Cívica de Rosario


La cultura es parte de la vida cotidiana, incluye la forma de vestirse, de caminar, de hablar, las historias y las costumbres de una sociedad, las creencias y las distintas manifestaciones de los que la conforman.
A diferencia del concepto cerrado que regía hasta hace unos pocos años, hoy por hoy, la visión se ha ampliado en pos del crecimiento cuantitativo y cualitativo de una población.
Hace un año se inauguró en Rosario la Plaza Cívica, un espacio emblemático en el seno de la ciudad, en un edificio en el que funcionó  la Jefatura de Policía en los años de gobierno de la Dictadura militar que azotó y asoló a nuestro país.  Lugar repudiable si los hubo, donde el engaño y la prepotencia sinsentido fueron moneda corriente  de la vida cotidiana de esos tiempos. El dolor y el terror que  allí se vivieron, marcó las vidas de muchos de los ciudadanos que hoy circulan sus veredas.
Hay muchas historias entre esas paredes. Los que han pasado días o meses allí en aquellos años, son quienes llevan una marca en su historia personal que no podrá ser borrada por ningún discurso. Ese horror no podrá ser desmantelado con sólo demoler paredes, pero sí reformulado como compromiso para con el futuro y para con los que allí estuvieron.
Muchos se negaron y aún se oponen a la apertura de la Plaza Cívica como un espacio de música, charlas y espectáculos. Pero no es sólo eso. Es un espacio de diálogo y de participación de todos los que deseen abrir un hueco en la memoria, individual y colectiva, pero no para olvidar, sino para recordar a partir de un pasado que aún nos duele.
No es fácil responder a los intereses de todos los habitantes de una región. Recuperar este lugar fue tomar registro  y dar el puntapié inicial para cartografiar la historia, para poder pensar estrategias para esta ciudad que no necesariamente serán válidas para otra.
Incentivar la participación, recuperar la palabra, fomentar nuevos públicos, en definitiva, resignificar el espacio es una de las formas para que toda la población  acceda a los bienes simbólicos.
 
Poder pensar esta plaza para generar más cultura, para, no sólo producir sino facilitar el acceso de todos a todo, es la forma de estimular la participación ciudadana y la inclusión de todos.
"Al turista hay que ofrecerle algo más que sol y playa", dice Antoni Laporte. Invertir en cultura es invertir en desarrollo económico, en cambios profundos de la región que servirán, a su vez, para generar riqueza que quedará entre los que allí viven.
Cada ciudad, con sus costumbres, sus modos de vida y sus fortalezas, acompañada con especialistas en gestión cultural podrá ir encontrando el camino para que la gente que allí vive disfrute de los espacios verdes, de los teatros, de los auditorios, de las plazas ...
De esta manera, habrá más y mejor calidad de vida para cada uno de los ciudadanos rosarinos y permitirá que los turistas encuentren  aquí su un lugar en el mundo.
                

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