Jueves 21 de Setiembre de 2017
Carina Cabo

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La escuela y la multiculturalidad: una tarea de todos



 

El hombre, a lo largo de la historia, ha complejizado y perfeccionado los modos de transmitir sus ideas; es el único ser capaz de  dialogar, de interrelacionarse a través de palabras, gestos, arte, etc. Y, si bien hay diversas especies de  animales que se pueden comunicar a través de  sistemas específicos, como la abeja o la hormiga, por ejemplo, la sociedad humana es la única capaz de simbolizar. Los estudios de lingüistas como Ferdinand de Saussire y Roman Jakobson, tuvieron por objeto hacer posible la comprensión de todo hecho cultural como lenguaje.
El filósofo Hüsserl afirmaba que el sentido del término hombre implica una existencia recíproca del uno para el otro, por tanto, sin diálogo, no hay sociedad.
A menudo, se cree que hablar de un determinado problema o de un tema que puede generar discordancias, podría hacer surgir más malestar. Es muy común ver familias, e incluso instituciones, que eluden personas o  situaciones para que no rompan la "paz", ficticia, por cierto,  o para que no manifiesten dicho malestar, que de igual modo, sigue latente.
Tomando como punto de partida  la concepción de sujeto bajtineano, contraria a la  de sujeto cartesiano, como un  ser social, dialógico,  atravesado por el inconciente, es posible pensar la comunicación bien entendida entre los hombres.  Bajtin en "Estética de la creación verbal" dice que el enunciado no es una unidad convencional sino real, delimitada con precisión por el cambio de los sujetos discursivos, y que termina con el hecho de ceder la palabra al otro. Enunciador y destinatario se mueven al mismo tiempo en velocidades diferentes cuando el yo asume  la enunciación y  ambos son protagonistas simultáneamente. Esta  interrelación entre sujeto y mundo hace que sociedad e individuo sean indisociables.


La multiculturalidad

Todos los hombres pertenecen a grupos étnicos, religiosos, políticos bien definidos y, por ende,  están insertos en un mundo caracterizado por la  complejidad cultural, un fenómeno presente en las grandes ciudades donde las comunidades mantienen su cultura en coexistencia con otras.
García Canclini  define a la multiculturalidad como diversas ciudades en una. Sin embargo, este proceso de transculturación donde dos o más culturas comparten y mezclan sus pautas, objetos y costumbres resulta muy difícil por las maneras desiguales en que los grupos se apropian, combinan o transforman los elementos que las componen.
El racismo y la discriminación tienen su origen en creer que una raza pueda ser mejor que otra. Los antropólogos llaman etnocentrismo a la tendencia que tienen los pueblos de considerarse superiores. Si bien se dice que es una tendencia de la sociedad occidental, se trata, en realidad, de una tendencia universal.
Ya los griegos llamaban bárbaros a los pueblos que no hablaban su lengua y los mayas mudos a los toltecas. Los indios navajos enseñaban que Dios había hecho al hombre de barro y lo había cocinado en un horno; al primer hombre lo sacó crudo: era el blanco, el segundo se le había quemado: era el negro y recién el tercero, que había salido cobrizo,  el indio,  era el hombre perfecto para ellos.
En 1853 J. Arthur en "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas",  exaltaba a los blancos como superiores y justificaba la matanza y la esclavitud de los negros por pertenecer a una categoría no humana. Muchos más ejemplos se podrían mencionar con la colonización española o con las luchas  en Estados Unidos  a partir de la guerra de la Secesión. Y, aún, en la actualidad persisten problemas de este tipo dentro de comunidades de "iguales".
Sin embargo, en la historia hubieron algunos estudios que intentaron rebatir esta tendencia racista, como los realizados por H. Arendt sobre los apátridas, caracterizados como personas superfluas, que estaban de más en todos lados, y que luego fueron tomados como documentos por los jueces de la Suprema Corte como fuente de inspiración para la declaración de la ciudadanía como derecho básico.

¿Todos somos iguales?

Ahora bien, cabría preguntarse ¿cómo es posible que en la sociedad occidental y cristiana, todos hijos de Dios, heredera de las ideas de la Revolución francesa, esto es igualdad, fraternidad y libertad, pueda, a pesar de los siglos, seguir sosteniendo prejuicios respecto de las minorías étnicas?. O, en todo caso, ¿Qué hacer desde la escuela para soslayar este obstáculo?
Analizar, reflexionar, expresar opiniones son algunas de las actividades que pueden involucrar al alumno en esta tarea de valorar lo diferente.
Vivir humanamente es alternar  con el otro (alter: otro en latín),  es comprenderlo, esto es incluirlo, integrarlo, conocerlo, abrazarlo, según el Diccionario de la Lengua española. El hombre construye el mundo y, a su vez, también va construyendo una imagen del mundo, pero nunca en soledad, sino con los otros.
En general, en toda sociedad civilizada, los miembros que la componen deben respetar los derechos del otro, esto es, considerar a cada uno como un ser pensante, libre, capaz de diferenciarse de un tercero por sus características personales y  culturales, donde los distintos grupos van formando subculturas, con características similares, pero diferenciadas entre sí por lo étnico, lo religioso, lo profesional o lo ideológico; y, a su vez, ligadas por un mismo sistema de ideas, hábitos que conforman la cultura más amplia y los diferencian de otras estructuras sociales.
 Comprender a la cultura en un sentido amplio y dinámico nos permite advertir que hay diferentes maneras de sentir, actuar y pensar y que el mundo es muy complejo, por lo cual se torna necesario comprender los distintos códigos culturales para facilitar la prevención y la solución de los conflictos.           
Y, además, que  no hay   verdades  únicas, sino que  depende de la mirada que se le otorgue, "el hombre como medida de todas las cosas" decían los sofistas. Lo importante será cómo comunicarla para no provocar más discrepancias, sino por el contrario, generar el diálogo.
 Shakespeare en Macbeth, señala: "dad palabras al dolor, la pena que no habla, cuchichea al corazón demasiado cargado y le invita a romperse". También  Francoise Doltó en  su obra "La imagen inconciente del cuerpo" señala que la palabra expresa un deseo y evita que eso hable en el cuerpo, si no hoy, más tarde. Por eso, los fantasmas de los niños, cuando los expresan, dice la autora, no deben provocar murmullos ni denegaciones. Y propone: dejar hablar a los niños, eso es todo y con eso basta".
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Qué hacer desde la escuela

Ahora bien, ¿cuál es la verdad que se acerca más a la  objetividad? O ¿cuál es el modo que incluye a todos para que no cause más problemas? Encontrarla dependerá de los protagonistas, del contexto, de las situaciones particulares y del diálogo honrado.
 ¿Por qué no reflexionar en el aula a partir de los diarios de la semana acerca de los pequeños grupos que están representados? ¿Por qué no pensar las diferencias desde los gustos musicales, deportivos, etc? ¿Por qué no recurrir a un abuelo o al archivo periodístico y buscar qué sucedía cincuenta años atrás frente a un determinado problema?
Según el sociólogo polaco Zygmunt Bauman el problema del multiculturalismo puede entenderse de dos maneras: como tolerancia o como solidaridad. Si lo miramos desde el primer significado se aceptaría la vida del otro, aunque se lo seguiría considerando inferior. En cambio, visto desde la solidaridad, se alude  a la voluntad de aprender, discutir y criticar. Sólo a través de ella, dice el autor de "Modernidad líquida", es posible el respeto por la humanidad compartida y el reconocimiento de singularidades que hace de cada cual quién es.
Educarse para la convivencia mundial sólo será posible si se comprende que en la complejidad cultural reside el recurso mediante el cual el género humano se afirma como tal. El rol del docente y de los medios de comunicación está en  el reconocimiento de la diversidad y el pluralismo, bases para el disenso en una sociedad que se precie de democrática.
Dice Sartre: "Poner en práctica la tolerancia con el prójimo es hacer que éste sea proyectado por la fuerza a un mundo tolerante. Es quitarle, por principio, esas libres posibilidades de resistencia valerosa, de perseverancia, de afirmación de sí, que hubiera tenido ocasión de desarrollar en un mundo de intolerancia"
Por ende, cada uno, en su hogar, en su escuela, en cada institución que forme parte deberá instar al diálogo para solucionar problemas o, al menos, para dejarlos fluir. Permitirlo será considerar al compañero, al amigo o al familiar como una persona inteligente capaz de pensar por sí misma y hacerse cargo de lo que dice. Es un compromiso y una oportunidad que, como sujetos sociales, no  debemos desaprovechar.

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