Sabado 16 de Diciembre de 2017
Carina Cabo

Artículos Completos » El hombre: Consumidor o consumido » Compartir en Facebook » Compartir en Twitter

 

El hombre: Consumidor o consumido


 

Estamos insertos en una mirada posmoderna en la que el sujeto deja de ser tal para transformarse en un individuo  incapaz de elegir su modo de vida, dentro de una sociedad que define nuevos modos de individualidad.
Marc Auge, autor de "Los no lugares", plantea que el índice de consumo es el índice de salud de un país porque se  dirige a individuos tipo, que son la imagen de los consumidores. Esto conlleva a una sobrevalorización constante de la imagen y, por ende, los que están en la TV tienen una forma de existencia más fuerte, aparente por cierto, pero sin embargo existen por estar en la pantalla.
El que triunfa en  la sociedad es el que tiene fama y/ o poder y su mejor carta de presentación es su capital. Es aquel que logra el bienestar y no la felicidad, esta última entendida como  un proyecto de vida, como la realización más completa de uno mismo.
 Un hombre  superficial, liviano, al que hacía referencia Rojas en su libro "El hombre light" que ya no sostiene valores fuertes a lo largo de su vida, que ya no tiene creencias propias y que se vuelve indefenso en este nuevo tiempo está formando parte de  la era posmoderna.  Es un hombre libre, aunque sin brújula, porque  no sabe hacia adónde va.
 Este planteo también repercute en  las relaciones humanas, especialmente en el  amor, sentimiento que se comparte con alguien, en el que la vida tiene sentido en función de un otro. Hoy es posible conseguir pareja a través de Internet o en un programa de televisión, con  especialistas que  buscan a seres compatibles entre sí, dónde el horóscopo juega un rol fundamental y el otro pasa a ser un objeto de consumo. Esto conlleva a que  las relaciones entre hombres y mujeres pasan a ser superfluas y carentes de compromiso.
El filósofo polaco Zygmunt Bauman  dice en su obra "Amor líquido" que  el deseo ansía consumir y el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus adquisiciones y se satisface con su durabilidad. El deseo es el anhelo de consumir, de absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar, no necesita otro estímulo más que la presencia de la alteridad. Esa presencia es siempre una afrenta y una humillación. Dicho deseo es el impulso a vengar la afrenta y disipar la humillación. Es la compulsión de cerrar la brecha con la alteridad que atrae y repele, que seduce con la promesa de lo inexplorado e irrita con su evasiva y obstinada otredad.
Continúa el pensador afirmando que lo que se puede consumir atrae, los desechos repelen. Después del deseo llega el momento de disponer de los desechos. Según parece, la eliminación de lo ajeno de la alteridad y el acto de deshacerse del seco caparazón se cristalizan en el júbilo de la satisfacción, condenado a desaparecer una vez que la tarea se ha realizado. En esencia, el deseo es un impulso de destrucción.

Lipovetzky, en su obra La era del vacío, plantea que en estos tiempos se disuelve la confianza,  se legitima el placer y el reconocimiento de peticiones singulares y se modelan las instituciones en base a las aspiraciones individuales. Esto hace que todo sea relativo, que todo valga y que se pueda "usar y descartar" a las cosas, pero también a las personas. Las relaciones intrascendentes y transitorias, se ven no sólo en adolescentes, sino también en adultos, donde se utiliza al otro para "pasar el rato", buscando el bienestar y no la felicidad mencionada. Al igual que con los productos, la relación es para consumo inmediato y no requiere una preparación adicional ni prolongada porque primordial y fundamentalmente, es descartable. La sexualidad light, esto  es satisfacción del deseo individual, sin tener que estar comprometido con otro, sólo lleva a reducir a la persona a mero objeto,  a un simple cuerpo físico, sin deseos y sin sentimientos.
     Esta mirada es afianzada desde algunos medios, especialmente la televisión, pero sostenida y afianzada por la mayoría que conforma la sociedad. Pero la sociedad es mucho más que la dicotomía: consumidores o consumidos. Es la suma de ciudadanos capaces de pensar y elegir qué es lo conviene a cada uno, pero no desde lo material, sino, por el contrario, desde lo personal y social.
Esta cultura light, esta glorificación de lo superficial y esta incertidumbre de las circunstancias  muchas veces impiden buscar criterios sólidos o tomar conciencia del entorno para poder encontrarse con los otros de la manera más profunda y más sana. El compromiso con el otro es el resultado de otras cosas: del grado de satisfacción que  provoca la relación, si hay una alternativa viable o si la posibilidad de abandonarla  causará la pérdida de alguna inversión importante: tiempo,  hijos, entre otros.                  
Habrá que tomar conciencia, en cada caso en particular ya que las recetas o los horóscopos no son   en este caso un interlocutor válido para tener en cuenta. Cada uno sabe o debe hacer un esfuerzo por saber qué quiere para su propia vida y aprender que el otro, pareja, novio/ a o esposo/ a es un sujeto que espera se lo trate como tal

© 2017 Carina Cabo www.carinacabo.com.ar