Sabado 16 de Diciembre de 2017
Carina Cabo

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La inteligencia emocional


 

La expresión "inteligencia emocional" fue acuñada por Peter Salovey y John Mayer en 1990. Sin embargo, fue a partir de la publicación del libro homónimo del psicólogo Daniel Goleman, en 1995 que  el concepto comenzó a recibir mucha más atención.
Se  la define como la aplicación inteligente de las emociones y determina cómo nos manejamos con nosotros mismos y con los demás en la vida diaria. Es un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que inciden en nuestra conducta, en nuestras reacciones; es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones.
Generalmente se habla de la inteligencia como la capacidad heredada genéticamente. A menudo, se suele escuchar: "Le cuesta estudiar, como a la madre", "es capaz como el padre", asociándose  personas inteligentes  con aquellas de buen rendimiento académico. Sin embargo la inteligencia en sí no ofrece prácticamente ninguna preparación para las dificultades u oportunidades que acarrea la vida. Frente a determinadas situaciones, algunas  mentes deslumbrantes caen en un sinsentido difícil de explicar. Por tanto es dable pensar a la vida emocional como un ámbito que, al igual que la matemática y la lengua, por ejemplo, requiere de destrezas y un singular conjunto de habilidades. De lo contrario,  sería difícil explicar problemas de aprendizaje,  disminución de interés o escasa concentración frente a  un texto, cuando están dadas las condiciones de base.
Según Albert Mehrabian, la inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir adecuadamente las emociones, propias y ajenas, responder de manera adecuada, relacionando la expresión honesta de las emociones con la cortesía, considerar y  respetar a los demás, seleccionar trabajos que son emocionalmente compensatorios,  balanceando el trabajo, el hogar y la vida de ocio, entre otros.

Un poco de historia...
Una antigua tradición filosófica identificó al ingenium como una importante facultad  del espíritu humano. Ingenio es un vocablo que alcanza gran relevancia a lo largo de varios siglos. Cicerón, atribuía al ingenio la capacidad de apartar el espíritu de los sentidos y de liberar al pensamiento de lo acostumbrado, señala Joaquín Barceló.
            Aristóteles   afirmaba que la razón era la facultad humana más distintiva y que sólo a través de ella se podía guiar la vida hacia una realización individual y social plena
 En el Siglo XVI, el médico español Juan de Huarte de San Juan publicó un estudio sobre la naturaleza de la inteligencia humana y comienzos del siglo XVII Giambattista Vico interpretó el ingenio como la facultad de reunir cosas separadas, diversas y distantes con alguna relación a la que se las vinculan.
A fines del S XIX, Binet  se interesó en el estudio experimental de los procesos superiores, como la memoria, la imaginación y la inteligencia. En el campo de aplicación de la Psicología, creó pruebas que permitieron cuantificar la inteligencia infantil, permitiendo introducir el concepto  de edad mental. W. Stern  aportó la noción de cociente intelectual y estudió los problemas metodológicos relativos a su medición.
Piaget (1896-1980), psicólogo suizo, es una de las figuras más importantes de la investigación del desarrollo de la inteligencia del niño.
El psicoanálisis, con Freud y  Lacan  como representantes, hicieron también su contribución al tema. Si bien  no es una teoría del aprendizaje, pudo aportar ideas sobre la evolución normal y patológica del mismo.
La variedad de enfoques y teorías que existen para estudiar y definir a la inteligencia, refleja la riqueza y la complejidad de la misma.


La escuela y la familia: dos ámbitos posibles para el desarrollo de la IE

Si bien la escuela, en general,  tiene tendencias reproductivistas, esto es, repetir contenidos y metodologías año tras año, muchas veces descontextualizados, hay formas de ayudar, al menos desde cada lugar, por pequeño que fuere, para el desarrollo de la inteligencia emocional.
La estimulación precoz es considerada muy importante en el desarrollo de las habilidades cognitivas. Dichos estímulos se transformarán en significaciones  aportando a la mejora delas posibilidades de cada uno y a ser flexible ante el mundo.
 Algún camino para lograrlo  podría ser: percepción de las necesidades,  de las motivaciones e intereses  de los alumnos, ayudarlos a que establezcan objetivos personales, facilitar a los procesos de toma de decisiones y responsabilidad personal, orientación personal,  establecimiento de un clima emocional positivo, ofreciendo apoyo personal y social para aumentar la autoconfianza.
Para ello el docente deberá conocer y reconocer las emociones de los alumnos, ayudar a  gestionar la emocionalidad, prevenir conductas de riesgo, desarrollar la resiliencia, adoptar una actitud positiva ante la vida, prevenir conflictos interpersonales y mejorar la calidad de vida escolar.
Para conseguir esto quizás hace falta la figura de un nuevo docente o tutor, con un perfil distinto al que estamos acostumbrados a ver comúnmente, que aborde el proceso de manera eficaz para sí y para sus alumnos. Deberá convertirse en modelo de equilibrio de afrontamiento emocional, de habilidades empáticas y de resolución serena, reflexiva y justa de los conflictos interpersonales, como fuente de aprendizaje para sus alumnos.
La innovación no es tarea fácil. Sin embargo, aferrarse a viejas ideas o planificaciones  que ya no aportan nada, llevarán al camino de la rigidez e inflexibilidad. Por tanto tomar postura en este sentido, permitirá tener libertad de jugar con las ideas y materiales, incluso con cosas irrelevantes o fantasías.
Pero el desarrollo de la inteligencia emocional no es sólo una tarea de la escuela, sino que depende, también, del ámbito familiar en el que se encuentran los niños.
Los padres pueden ayudar a: identificar debilidades y conflictos internos; reconocer y controlar las propias emociones y sentimientos, desarrollar la tolerancia a las frustraciones diarias, promover el cambio y la transformación personal, generar o aumentar capacidades y competencias, alentando a sus hijos en lo que les gusta; encontrar formas de enfrentar temores, ansiedad, ira, tristeza, soledad, culpa, vergüenza y ayudarlos a crecer aprendiendo a enfrentar las crisis.
El aprendizaje no es algo lineal, impuesto de arriba hacia abajo, rígido. Partir de la idea de inteligencia como la disponibilidad afectiva al aprendizaje, podrá cambiar la mirada para nuevas consideraciones.
Familia y escuela podrán confluir a formar en los niños confianza en sí mismos, curiosidad por descubrir y fomentar la sensación de sentirse capaces de hacer, de comunicar lo que piensan y sienten.
Hay formas de ser en el hogar y en la institución escolar que los niños irán incorporando, especialmente en los primeros años de vida. Padres y docentes, principales responsables de esta etapa, no deben dejar pasar esta oportunidad.


 

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