Martes 25 de Julio de 2017
Carina Cabo

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Los chicos ¿no leen?

Los chicos no leen... En realidad, no leen los textos y formatos que leíamos hace unos años. Acompañarlos en nuevas lecturas es una función que los adultos deberemos asumir para acompañarlos en su crecimiento.

                                                                                               

Asiduamente los adultos nos quejamos porque los chicos de hoy no leen. Esta reflexión es cierta, pero sólo en parte, ya que no leen lo que leíamos nosotros hace unos años atrás. El poema del Mio Cid, Pulgarcito, La vuelta al mundo en ochenta días, entre una de las fantásticas obras de Julio Verne, eran lecturas propias de nuestra niñez, que llegaban a nosotros para sorprendernos. Sin dejar a estos libros de lado, hoy por hoy deberemos agregar a los de antaño otros textos, que no necesariamente deben ser escritos en hoja o papel.
Las nuevas pantallas, del televisor, del cine y de la computadora, a las que los niños están muy acostumbrados, dan lugar a otras formas de leer que tendrán que ser tenidas en cuenta en la escuela y en el hogar para no profundizar la brecha entre lo social y lo escolar.
 Beatriz Sarlo, en una visita a Rosario, se preguntaba ¿cómo se forma un lector? O mejor aún, ¿es posible formar un lector? Además, ¿un lector de qué?
Si creemos que leer es decodificar un texto escrito, se acotará la concepción de lo que es ser lector. Si, en cambio, partimos de la idea que no sólo se leen libros, sino que también hay otros textos propios del mundo actual, ampliaremos la definición.
El hipertexto es una de las figuras de esa nueva textualidad. Se caracteriza por su no-linearidad y por su potencial discontinuidad. Le propone al lector que organice según la convenga, entre el orden y el desorden será descifrado como una figura cambiante, como un espacio semántico a construir.

Leer en la escuela
Ahora bien, la escuela, al estar desfasada con respecto de la sociedad, no está en condiciones de distribuir todas las habilidades necesarias para formar lectores. En  Argentina ha dado pruebas fehacientes que no lo cumple  ya sea por razones educativas internas o por motivos que chocan con la escuela e influyen sobre ella, como la desigualdad y la pobreza
Pero así como es necesario entrenar habilidades necesarias para ser lector; también deberá ser posible poner libros y material, impreso o no, al alcance de todos.
Según un estudio realizado recientemente muestra un nuevo índice que refleja una realidad preocupante: un alumno argentino lee en promedio 1,3 libros de texto por año en la escuela, proporción distante de la que existe en otros países. Mientras en Brasil cada chico lee 3,3 libros en el año escolar, en Chile el número asciende a 3,6 y México alcanza los 10 libros por chico. A pesar de ello, la cifra actual en la Argentina duplica el promedio de 1998, que era de 0,77 libros por estudiante.
Otro punto que distancia a la Argentina de los países citados es la inestabilidad y falta de continuidad de las políticas de dotación de libros por parte del Estado. Mientras en Chile el programa de textos escolares tiene 65 años de antigüedad, en México lleva 46 años y en Brasil, 39.
 Otra conclusión de la encuesta es la fuerte correlación entre el nivel socioeconómico y la posesión de libros de texto. Mientras que el 81% de los alumnos de primero a tercer año de EGB de nivel socioeconómico medio dispone de su propio libro, en los sectores populares, el libro dejó de ser un objeto que circula en la casa. Esta realidad  tiene que ver, no sólo con lo económico, sino con la cultura posmoderna.

Los medios masivos

No es fácil saber cómo se forma un lector ya que muchas son las condiciones necesarias para poder lograrlo.
Los medios masivos de comunicación ¿intentarán hacer un aporte al tema con la formación de lectores críticos o los subestimarán a tal punto de considerarlos ingenuos o peor aún tontos?
Si tomamos las revistas llamadas "del corazón" resulta interesante intentar responder a esta pregunta.
Cuando a comienzos del año Susana Giménez fue "descubierta in fraganti" en una quinta "disfrutando", junto a su novio, de una picada, comiendo sólo queso, intentaban vender y, por ende, que el lector compre, la imagen de mujer renovada, joven, cuidando su figura, etc. Todos sabían, bastaba ver programas de televisión agotando horas en el tema, que había trucos fotográficos y que en realidad la nota fue especialmente preparada para esa revista. Me pregunto si juegan con la ingenuidad del lector o cuentan con su explícito consentimiento. La respuesta a este dilema la tendrá que pensar cada uno si queremos cambiar algo de la realidad.

 Intentar el cambio
Es fácil saber cómo se forma un lector de libros técnicos, de divulgación histórica, de autoayuda o best-sellers: esos libros entregan casi exactamente lo que prometen, valen lo que cuestan. Lo difícil es saber cómo se forma un lector que soporte la incertidumbre y la complejidad.
Una de las formas sería pensar otras lecturas en la escuela.
Ines Dussel plantea que actualmente se está trabajando sobre cómo se educa la mirada. Una de las primeras cuestiones es no  suponer que las imágenes producen el efecto buscado. Pese a que la escuela tendió a pensar que alcanzaba con "ver para saber"·, entre ver y saber hay una distancia importante, una desproporción, que debe atenderse.
 Hay que preparar y trabajar la lectura, atento a lo que de la imagen queda por fuera de las palabras. Hay que darse un tiempo de trabajo con las imágenes, y eso no es sólo hacer la consabida "crítica ideológica" (quién produjo esta imagen y para qué); habría que enseñar a pensar en la especificidad de ese lenguaje, en la historia y en la sociología de esa técnica, en la construcción de estereotipos visuales, en las emociones que se activan con la imagen, en los saberes y lenguajes que se convocan al acto de ver. Todo eso implica traer a escena la sensibilidad, y no sólo lo racional - intelectual.
Todo lo que llega a la mayoría de los chicos en estos días, es por medio de imágenes. Una escuela que intente formar para las sociedades actuales debe dar herramientas para decodificar ese nuevo lenguaje icónico
El arte podría ser un complemento ideal para pensar cambios curriculares desde dentro. Y la escuela el espacio que provoque el cambio. Por qué sólo trabajar con películas ya realizadas en vez de filmar un video con los alumnos; armando escenas escritas y actuadas por ellos mismos.
Los chicos leen. Leen otros textos, otros  formatos. Será cuestión de aprender a mirar con ellos y por ellos.
Esto requiere de un gran esfuerzo de toda la comunidad educativa, padres, docentes y directivos, asumiendo la difícil tarea de formar lectores del mundo de hoy que no es más ni menos que educar.


 

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